Bájese quien pueda

– Son todos así, te levantan la mano y te caminan hasta la mitad de la calle como si fueras un ciego del orto. Igual eso no molesta… lo que rompe las pelotas es el trato, como si uno fuera un sirviente que tiene que estar ahí calladito, haciendo su trabajo. “Tres con cincuenta”, “Tres con veinticinco”, “Tres con cincuenta”. Insoportable, un mismo tono monótono que pareciera que fueran todos el mismo pelotudo. Les cambia el peinado, la pilcha, la manera de pasar la tarjeta, pero siempre dicen lo mismo. Por eso se extrañan las monedas, porque la gente tenía algo más para decir y se podía llegar no sé si a una conversación pero a algo. Hoy en día, si no sos vos, que te conozco desde chico, no me queda con quién charlar. ¿Te acordás la primera vez que te levanté? Tenías guardapolvo, eras un mocoso así… por acá me llegabas. Y ahora laburás como yo, cómo pasa el tiempo.. Pero yo ando medio cansado ya de esto… ¡Eh! ¿No ves que te puse el guiño? ¡Casi me arrancás el espejo! No se puede creer, mirá, encima me toca bocina. Es que ya nos conocemos, esto es así, bocina para putear, bocina para pedir permiso, bocina para todo. Y nadie se calienta, yo trato de ponerle un poquito de humanidad al asunto, de trato humano. ¡La puta que me parió! Perdonen, se puso en rojo. ¿Están todos bien? ¿Ves? Trato humano, eso hace falta para laburar bien en la calle, que dicho sea de paso, las calles están cada vez más hechas mierda. Yo no sé si es culpa del Gobernador, del Intendente o del Presidente de la Asociación de Pavimento, pero lo que veo todo el tiempo es que no cumplen una mierda. Ya me sé todos los pozos, pero siempre hay uno nuevo, y cuando empiezan con uno al que ya te habías acostumbrado tenés que hacer fuerza con los brazos todos los días por diez meses hasta que lo arreglan, y ahí ya quedás con los brazos de He-Man, así de gordos, listo para bancarte el pozo del gobierno que sigue. Es una tortura. A mí esta línea me gusta porque casi no tiene calles chicas, hace unos años manejé en la ochenta y siete y había un par de vueltas que eran, no sabés, milimétricas para doblar, calles angostas y nada, o lo hacés o lo hacés. Yo en todo este tiempo no choqué ni una vez, en mis diez años de chofer, ni una sola, lo que debe ser un récord en el rubro, debo estar entre los tres primeros de la lista. Cuando Julio cumplió veinticinco años de laburo sin haber tenido ni un solo accidente le regalaron una torta. Un amor ese Julio, tranquilo, callado, sereno. Nada que ver conmigo, aunque a mí este trabajo en realidad me aburre un montón… pero no hay otra, no hay vuelta que darle, hace tiempo que soy chofer. Chau, chau, que sigas bien. No te preocupes que yo la sigo solo, ni me doy cuenta que te fuiste. Ja. Qué pelotudo que soy. Es que la tarde se va, empieza la nochecita y me pongo romántico. ¿Señores pasajeros, me aguardan un segundo, por favor? Me parece que tengo mal una goma, es un segundo nada más. La puta que me parió, a ver… mmm sí, esta goma está un poco desinflada -, pero mientras me agacho para mirar el pico- “Piruvín Piruvero”. Bueno, no era nada al final. Voy a acelerar un poquito para compensar, espero que sepan disculparme. ¡Uopaa! Mirá cómo se puso en rojo, qué hijo de puta. ¿Están bien? Más vale, si frené justo; qué calor, voy a abrir un poco mi ventanilla. Sí, ya sé que estamos en invierno pero necesito ventilarme un poco. Estamos como a veinte minutos de la terminal pero vamos a llegar en diez, ahí vamos. ¿No les gusta ese sonido? Qué máquina… Ya va, ya va. ¡Ya va, ya va! Ahí está, señora, me pasé un poquito. ¿Quedó alguien atrás? ¿A dónde vas? Está bien, pero ¿a dónde vas? No pasa nada, te dejo ahí, agarrate… Y acá doblamos en esta y listo, ¿qué tal? Mejor imposible. ¡Uff qué calor la concha de mi madre! Listo, listo. Hola, ¿lo dejo por acá? Lo dejo en el fondo, así no jodo al que viene atrás, que quedó rezagado. ¡Vamos Argentina! Un cafecito, por favor con mucho azúcar. Bueno, le pongo yo. Gracias. Ahí estoy. Genial. Permiso, paso al baño. “Piruvín Piruvero”. ¡Ahora sí! Ahora sí. Buenas, ¿cómo va? ¿qué tal estuvo la tarde? Movidito hoy, ¿no? Dejámelo así nomás que yo me arreglo, Lucho. Gracias por venirte hasta acá otra vez. Móvil dos cero catorce confirmo viaje Scalabrini Ortiz y Paraguay, estoy a dos minutos, cambio. Gracias, Mabel. Y… acá estamos. Hola, qué tal, ¿quiere dejarlo en el baúl? Como usted prefiera. Linda noche, ¿no? Ni me lo diga, ¿cómo salió? Mañana jugamos nosotros. Qué maravilla el fútbol, cómo me gusta… No, jugar no sé, pero de pibe siempre iba a ver a mis compañeros para escapar de las clases. No, yo era muy malo. Una vez metí un gol de cabeza en un corner. No, porque fue en contra, cabeceé para el otro lado. Es que en esa época no se entendía bien el juego, la gracia era meter gol y ya. Después no volví a jugar. Perdone, perdone… ¿A dónde vamos? Espere que le pongo el reloj, ahí estamos. En un ratito estamos ahí, ¿está apurado? ¿Le molesta si nos relajamos un poquito y pongo algo de música? Gracias. Abro un toque la ventanilla, si no le molesta. Ahí va, ahí vamos. Vamos Argentina, carajo… Ay, ay, la puntada que me dio acá, no, no, estoy bien, no se preocupe. Doblo en esta y llegamos, no se preocupe. Ahí está, son treinta y siete pesos. Aquí tiene el vuelto, gracias. La puta madre, qué puntada… Debe ser algo que comí, chau, chau. Bueno, a ver si nos ponemos serios que esto es un desastre. Ojos adelante, bien abiertos, todavía veo las luces, las luces… Pero qué hijo de puta que soy. Ahí va. Ahora sí, ¿Hola?, ¿Hola? Móvil dos cero catorce confirma viaje Las Heras y Coronel Díaz. Sí, ya terminé con ese viaje. Vos me conocés, Mabel, yo trabajo, no soy como los otros vagos, cambio y fuera. Y qué fuera… Casi rompo la radio, qué pelotudo que soy la puta madre. Uh, me sube otra vez, qué zarpado es esto. Hola, buenas noches, buenas noches. ¿A dónde va? Muy bien. ¡Ala Delta!. Discúlpeme, es la canción de Divididos, me gusta mucho. Le bajo el volumen, no se preocupe. Claro… están terribles estos trapitos. Igual, ¿sabe qué es lo que más me revienta? Con todo respeto se lo digo… los bondis. Esos monstruos del asfalto, que ocupan todo el espacio y no te dejan ver nada. No sé a qué modelo de gobierno pertenecen, yo sólo sé que la ciudad es demasiado chica para sus maniobras, ¿me entiende? ¡Mírelo a ese, mírelo! ¡Toda la calle se cruzó, qué hijo de puta! Pero claro, ¿entiende? Tenía el guiño puesto. Claro. ¿Por acá está bien? Ah, la otra cuadra. Muy bien. Cuarenta y tres pesos. Aquí tiene el vuelto, muchas gracias. Cierre con cuidado por favor. Bien, bien. Hola, hola, está desocupado, siéntese. ¿Para dónde vamos? Ay, la puntada otra vez. Es que no me puedo reír, ¿Cucha Cucha, dijo? ¿Cuchá Cuchá qué? ¿Qué querés que escuche? Ja, perdón, es que ya es tarde. Ay, la puntada. Bueno vamos, vamos, vamos, ¡Vamos Argentina, carajo! Ya sé que hoy no juega, es mañana o ¿no? Uruguay, un partidazo. Sí, me gusta el fútbol. Ajá, ajá… sí, pero no tanto, eh. Si vamos a las estadísticas y los números me pierdo. Espere, un segundo. Creo que pinché una goma. Puta que me parió. Sí, está bien, -y cuando me agacho a mirar el pico- “Piruvín Piruvero”. No era… No era nada, estamos bien. Esto va acá. ¿Cuál era la dirección? Bien. ¿Qué calle es ésta? Ah perfecto, sigo acá derecho y agarro por Corrientes y estamos. Sí, sí, es un toque… Un toquecito. ¡Vamos Argentina, carajo! ¡Pero fijate pelotudo por dónde vas! ¡Te hice luces, te hice luces! No se puede creer, uno está trabajando y estos se ponen a dominguear a las tres de la mañana. ¿Te molesta si apago la radio? Verde, verde, verde… no ¿sabés? La voy a poner de vuelta, necesito un poco de música de fondo. ¿Viste cuando no te soportás a vos mismo, porque no dejás de maquinar? Es que mi mujer se quedó sin trabajo y yo estoy haciendo horas extras para compensar, un poco pero no alcanza, nunca alcanza. Y con la inflación menos. Aumenta todo, todo sube y sube y uno se queda ahí abajo, bien chiquitito, como para que alguien venga y lo pise. ¿Tan rápido? Son treinta y nueve pesos. Gracias. Mabel, cuchá, cuchá, estoy en Cucha Cucha y Planes, ¿tenés planes para hoy? Yo planeo seguir laburando hasta que se me rompa el reloj. A Sarmiento y Franklin entonces, cambio y fuera. Creo que voy a vomitar. Acá no… acá no… acá no… acá sí.

Ah, no, es increíble, pero mirá ¡qué groso el amanecer en Constitución! Nunca lo había notado. La luz entra justo, mire, mire, por entre medio de ese linyera y ese travesti y le da justo al capot del auto, asombroso. Sí, ya se puede bajar, ahí le abro el baúl, tampoco se inquiete. La verdad es que tengo que agradecerle por haberme alcanzado hasta acá para presenciar este momento mágico. Dos pesos de propina… ¿Quiere que le suba el equipaje al micro también? ¡Miren todos! ¡Miren! ¡Dos pesos! Ay, la puntada, la puntada. Tengo una hora y media nada más. Bueno me tiro acá un rato y ya fue. Uh, qué tarde que es la re puta madre… Es amarillo, amarillo, amarillo, naranja, rojo. Un café, necesito un café y dormir un poco, pero no, no tengo sueño. Qué lindo aire fresco… ¡Piruvín Piruvero se me vuela el sombrero! Hola, ¿ya está? ¿No llego a tomar un café? Bueno, bueno, salgo nomás. Pibe, ¿qué hacés otra vez, cómo va eso? Yo estoy bien, hace tanto que no te veía. ¿Te acordás la primera vez que te subiste? Eras un mocoso así, por acá me llegabas. Ibas a la escuela de guardapolvo, ¿te acerco al trabajo? Sí, ni me hablés, es la crisis, que nos afecta a todos, siempre es así. Es Argentina. ¡Vamos Argentina, carajo! Mañana juega, ¿no? ¿Hoy? Me lo pierdo, no te puedo creer, qué mala leche… Igual hay cosas peores, por ejemplo los taxis. Son terribles los taxis, todos en fila, uno atrás del otro, ocupándote el espacio para parar. ¡Guarda! ¿¡Pero qué hacés, pelotudo, no ves que ahí tengo la parada?! Increíble. Me está entrando una lija… ¿comiste algo vos? Haceme una gauchada, bajate acá y comprame un sándwich ahí en la esquina que con el apuro esta mañana no comí nada y no puedo manejar con el estómago vacío. Gracias. ¡Está bueno, eh! Le faltó mayonesa, pero está bueno. ¿Qué te decía? Ah sí, la crisis, empezó cuando Isabelita tomó la presidencia. Después de eso las cosas se pusieron patas para arriba, los que estudiaban empezaron a afanar, los que laburaban empezaron a afanar y los que afanaban se quedaron sin laburo y se hicieron policías. Una cosa de locos, y yo acá  manejando sin entender nada, confiando en mis compañeros. Vino la dictadura y todo fue lo mismo, pero ya no podías confiar en nada ni en nadie, tenías que tener cuidado de todo. Después vino Alfonsín, pero duró poco. Y después Menem, que sí fue una fiesta. Todos pensamos que íbamos a estar mejor pero no, la cosa se puso peor todavía. Yo en realidad quería ser músico, toco la viola, es mi pasión. Pero ni bien terminé mi primer tema, se embarazó mi mujer. Cuando perdió el pibe ya no quisimos volver a intentarlo y así dale que dale, la vida te golpea como ese hijo de puta del doscientos seis cruzando en rojo. Qué va a escuchar… ¿Viste cómo pasó? Esas son las cosas que me hacen enojar ¿ves? La gente que piensa que porque la vida es injusta tiene derecho a pasarte por arriba. Detestables trepadores del sistema, alimañas del asfalto, comadrejas de oficina. Los odio a todos. Ay, la puntada otra vez. Señores pasajeros, me parece que pinché una goma, así que les voy a pedir unos minutos de paciencia. -Y cuando me agacho a ver el pico- “Piruvín Piruuuu-” Uh, se me cayó a la mierda. Es talco, es talco, sale fácil del vidrio, ¿ve? Y de la manga de la camisa también. Piruvero. Ahí está. Qué tarde que es, ¿es de mañana, decís? Tenés razón, qué pelotudo, si acabo de salir. ¿Ya te bajás? Tenés razón, ya casi estamos. ¿Se lo dejo al fondo? Regio. Permiso. Sí, estoy bien. Tenés razón, este es el lado del acompañante, bajate que ahí me cambio. Sí, estoy seguro. Qué va si recién amanece… Estos colectiveros son terribles, los detesto, no me dejan ver la calle. Dale, dale… Buenas noches, señora, ¿a dónde vamos? Muy bien, cómo no. ¡El partido! ¿Cómo salió? ¿Ayer? ¿Pero cómo terminó? Ah, ganamos, bien, me alegro, menos mal. Venían jugando medio medio, me diste una alegría. ¿Por acá está bien? Gracias por el cambio. Movete del camino, chinito, porque te aplasto. Ahí fue. Qué bien que saltan los chinos con la bocina, qué cosa de locos, como en las películas pero en la vida real. Flaco, ¡flaco! ¿Me decís la hora? ¡Uh! ¿Me das un mordisco de ese pancho? Pero dale, no seas malo. Dale, flaco, no te alejés, no seas amarrete. Andate a la puta que te parió. ¿Sabés lo que falta para que cobre? Y ya vienen las expensas, me quiero matar. Es increíble, nunca llego a juntar nada de plata, no sé en qué mierda gasto tanto, la puta madre. ¡Pará! “Piruvín Piruvero”. Ahora sí, necesito un pasajero. Necesito un pasajero, Mabel. Gracias, Mabel. En camino, cambio y fuera. Ya sé que usted no se llama Mabel, no estoy hablando con usted señora, son tres setenta y cinco ahora. ¡Necesito una línea, necesito una línea ya! ¿Tres con cincuenta? Ah, sí, sí, sí, sí, listo. ¿Siguiente? ¿Pero cómo? ¿Esto no era un taxi? Necesito dormir. ¿Dónde está Piruvín? ¡Emergencia! ¿Dónde está Piruvín? Señores pasajeros, se les informa que el coche estará detenido por problemas técnicos. ¿Mabel? Sí, sí, ya casi estoy. ¿Dónde está Piruvín? Nada, Mabel, estoy hablando con mi mujer por teléfono. Cambio y fuera. Dónde puta madre lo puse, ¿por qué no está en la guantera? Tengo que conseguir más. Buenas noches, ¿para dónde va? Por casualidad, ¿no tendrás un porrito para convidar?, ¿no, pibe? Ah, ¿no fumás? Ah… es largo el viaje hasta Retiro. ¿Te molesta si pongo música? ¡La puta madre! Perdón, no lo vi… Manejan como el orto a esta hora. Sí, encima los tacheros son lo peor, todos en fila, poniéndose en la parada, no dejan subir a los pasajeros. Ya sé que esto no es un colectivo, ¿qué me viste, cara de pelotudo? Ya casi llegamos y no me hables más por favor que estoy sensible. Si ves una birome con una carita sonriente por la parte de atrás del coche, ¿me la pasás? Me la regaló mi mujer. Dale, fijate bien, entre el respaldo y el asiento puede haber quedado en alguna frenada. Claro, sí, debe ser eso. ¿Nada? No importa, llegamos, bajate que busco yo. Sí, sí, dejame la plata ahí. No está, ¡No está! Tranqui, tranqui, debe estar en el bondi, en el retrovisor. Justo voy a perder a Piruvín. El único compañero que tengo en la vida. En las buenas y en las malas siempre está conmigo. Piruvín, Piruvín. No, no estoy llorando, señora, ¿a dónde va? Sí, la llevo, no hay problema, póngase el cinturón. Mire qué rápido amaneció. No me joda, no me joda que estoy sensible… ¿Es el atardecer? ¿Tres con veinticinco? Bien, tres con veinticinco para la señora. ¿Por casualidad no vio una birome en el suelo cerca de la puerta cuando subió? Entre los escalones. Señores pasajeros, ¿alguno vio por casualidad una birome con una sonrisa grabada? Fíjense, les pido un momento de solidaridad, me la regaló mi mujer, puede haber caído debajo de los asientos. Sí, es gris ¡la encontró, señora, la encontró! Pásemela. ¿Se baja ahora? ¿No espera la parada? No, claro, es un taxi, sí, cómo no, bájese. Ay, Piruvín, qué suerte que te encontré. Hola, pibe, dame un segundo que ya te abro. Uh qué hijo de puta ese taxi viene en contra mano. Le hago luces pero no para. Señora, ¿no se bajó todavía? ¿Qué colectivo? Ah, lo conozco a ese chofer, ¿es Lucho?, ese es… es… ¡Ese soy yo!: Piruvín piso el freno, Piruvero me maté.

Isaac Casimov

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